Foto: RFEF
La exhibición táctica vivida en el Paladio de los Deportes de Granada acabó con la lotería de la tanda de penaltis. Y aquí, la mística relación entre el Jaén Paraíso Interior FS y la Copa de España hizo que los jiennenses se alzaran con el torneo nacional en este 2026. Cuarta Copa de España para el Jaén Paraíso Interior FS. Segunda vez que el Jaén vence al Barça en una final de este torneo. Y la Marea Amarilla, siempre de testigo.
En la final de la XXXVII edición del torneo en el Palacio de los Deportes de Granada, ante todo un Barça, se confirmó una vez más que el idilio en estas tesituras ni era ni es flor de un día.
Nada más sonó el pitido inicial comenzaron las palmas y los vítores de la marea amarilla a sus jugadores. Tenían la responsabilidad de ser el sexto hombre del quinteto cuando las piernas de sus pupilos entraran en decadencia. A decir verdad, el primer acto tuvo varios nudos y algunos desenlaces que podrían tildarse de milagrosos.
No se atisba otra explicación que no fuera la intervención divina para que ninguna de las múltiples ocasiones que acaecieron sobre la pista del Palacio de los Deportes de Granada acabara en gol. Y hubo intentos, muchos. De todos los colores, formas y geometrías. Cada bando tuvo sus respectivos uys de peligro en área rival, por lo que es frecuente que los nombres de Dídac y Espíndola se asomaran por estas líneas de vez en cuando.
Una de las oportunidades que resume a la perfección la mística que la Copa de España tiene con los andaluces es que en una de tantas, el arquero brasileño despejó con la mano —y puede que con el corazón— un disparo que buscaba traspasar la línea de gol justo encima de la misma y, en el posterior rechace, el golpeo de Antonio salió rebotado y despedido hacia el palo.
Esa sinergia sin demasiada explicación podría corresponder a que el Barça necesitaría más que la tradicional pegada para vencer a los jiennenses, al menos en el parcial del primer tiempo. El propio Antonio, en la otra orilla, personificaba la perfección: todo lo hacía con sentido, toda solución era válida y adecuada. Tanto con él como con Pito en cancha hacían mejores a sus compañeros cuando compartían tiempo con ellos.
El Jaén Paraíso Interior también tuvo las suyas con varias acciones de sorpresa de Eloy Rojas, Mati Rosa o un motivado Dani Zurdo. Todos eran peligrosos si cazaban algún balón suelto. Precisamente una de las cualidades del conjunto amarillo en el torneo fue el acierto en segundas jugadas, con un alto porcentaje de éxito en disputas divididas. Además, la mordiente y las interceptaciones eran gasolina para su afición: mientras había intensidad y ayudas defensivas había esperanza. Más cuando debieron aguantar unos tres minutos con cinco infracciones. El instinto de superviviencia empujaba a llegar vivos al descanso, como así fue (0-0).
Los mayores problemas que se cernían sobre los de Dani Rodríguez se referían al hipotético cansancio con el paso de los minutos. Para evitar que la musculatura se adormeciera, siguieron con el plan establecido de mirar de tú a tú a su adversario, por eso los primeros cinco minutos tras el intermedio supusieron un empate en ocasiones en ataque para los dos. Estaba claro que con tanta tensión, el primero que consiguiera romper el bloque de hormigón estaría más cerca de tallar la figura de la victoria. El cincel —el balón en cuestión— estaba resbaladizo para ambos y ninguno hallaba la manera idónea de fijarlo. Vamos, que había incertidumbre por doquier.
Los blaugranas seguían desafiando con la mirada en cada acción en banda. Encaraba Pito, encaraba Touré, encaraba Matheus y encaraba Gauna. Seguramente alguno más, eran tantos… Entrados en los últimos diez minutos, el terreno era desconocido. Cualquier situación de ahí al final era posible, pues las fuerzas estaban igualadas. Como que Eloy Rojas estremeciera al banquillo culé con un remate al larguero. Con poco menos de siete minutos de juego, la quinta falta del Barça se celebró en la grada casi como un tanto. Era consabido que un pequeño detalle podría decantar el asunto, así que no se desperdiciaba nada. El encuentro estaba tan afilado que todo cortaba.
Tras una fase de dominio jiennense, tuvo que aparecer Antonio para desperezar a sus afines. Un fuerte disparo del cierre fue taponado por Espíndola. Aquello revitalizó a los de Javi Rodríguez, que empezaron a ser conscientes de que debían ir a por el partido: las subidas de Dídac aculaban a su rival hacia atrás. A tres minutos del final, los dos se encontraban en bonus, y así se fueron a la prórroga no sin antes propinarse unos cuantos sustos hasta el último segundo. Mati Rosa y Pito se vistieron de Halloween antes del tiempo extra.
No hubo trato y sí muchos trucos en las dos partes correspondientes, por lo que la tanda de penaltis dirimiría el vencedor del torneo. Fallaron Antonio y Luciano Gauna o, más bien, Espíndola detuvo sus dos lanzamientos y permitió que sus compañeros completaran la gesta sin mácula. Eloy Rojas tuvo el honor de anotar la pena máxima que desató la alegría superlativa y, de paso, coronar al Jaén Paraíso Interior como campeón de la XXXVII Copa de España en Granada. Su cuarto entorchado en otras tantas finales, con una efectividad perfecta y la confirmación de que el idilio con este torneo es algo que no tiene razón si uno está cuerdo. Los jiennenses se incrustan en el podio de los máximos ganadores, tras el Movistar Inter (11) y el propio Barça (7), e igualado con ElPozo Murcia Costa Cálida (4).
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— Futsal RFEF (@FutSalRFEF) March 22, 2026






