MOVISTAR INTER 0-3 JAÉN PARAÍSO INTERIOR FS
Continúa el camino hacia la reconquista de Granada. Jaén Paraíso Interior FS hizo sus deberes con el apoyo de la Marea Amarilla y superó al Movistar Inter en la primera semifinal de la Copa de España 2026, con un doblete de Mati Rosa y un tanto de Bynho, que abrió el marcador en el primer acto.
La primera semifinal de la XXXVII Copa de España tuvo el color amarillo de las gradas y el ímpetu frenético de los de la capital del Santo Reino, que hicieron honor a su trayectoria y confirmaron que este es su territorio que les pertenece por linaje monárquico. Enfrente, el Movistar Inter quedó engullido por la avalancha de despliegue con el que se toparon (2-0).
Un déjà vu recorrió el Palacio de Deportes de la capital nazarí en cuanto el balón echó a rodar. Como si se tratara de una apasionante tradición, la marea amarilla comenzó a desgastarse la garganta con el paso de los minutos. Cada vez más encendidas, cada vez más confiadas. Su equipo le estaba dando motivos para soñar una vez más: presión constante, ayudas, competitividad y mucha mordiente.
Ocasiones como las de Míchel o Eloy Rojas comenzaban a ser frecuentes en la primera parte, con Jesús Herrero intentado achicar el máximo de agua posible. No obstante, los telefónicos recibieron cobertura en varios contragolpes en los que aparecía Espíndola o Esteban protagonizaba un esprint tan bárbaro que a los espectadores les asaltaban dudas sobre el deporte que practicaba el catalán, como si estuviera en una pista oval. El peso del peligro, eso sí, recaía en los hombres de Dani Rodríguez, con más fe en llevarse todos los duelos posibles. No había milímetro que no pisaran los de amarillo.
No obstante, se temía que ese potro desbocado se saliera de la cuadra. No fue así, conjugaron con maestría la potencia —controlada— y alternaron las opciones de cuatro —tremendo eslalon de Power— con los siempre incómodos pívots —Mati Rosa y Alan Brandi—, por ejemplo. En una de tantos acercamientos, Bynho lo intentó dos veces en el mismo metro cuadrado: en la primera Herrero obró el milagro y, en la segunda, no pudo evitar el designio divino del brasileño.
Tocó la bola sin éxito y se fue para adentro (1-0), lo que conllevó que el ala hiciera su particular pirueta enfrente de todos los aficionados. Aquello supuso la consecuencia lógica según los méritos de ambos y, como viene nos acostumbra este deporte, no quiere decir que desapareciera el miedo: Javi Mínguez tuvo un taconazo en el último segundo —literal— del primer acto para poner el empate. El disparo casi rozó el palo al tiempo que sonaba la bocina del intermedio.
Los uys que cantaba la grada caían como gotas chinas en el corazón interista. Los madrileños buscaban más individualidades para compensar el colectivo contrario: quizá así, si eliminaban a un rival, ganaban espacio y superioridad numérica. Ni con esa ni con otra estrategia cambiaba nada: perdían balones fáciles.
Los jiennenses parecían poseer dos artilugios de mágicas funciones: uno les daba el poder de anticipar el futuro y otro, el don de la ubicuidad. Sólo con talento, al estilo Harrison, era posible romper tal (des)encantamiento. A todo esto, la afición amarilla aplaudía todo lo que provocara un gesto de decepción en el adversario. Ya fueran los nervios por las prisas o una parada milagrosa de Espíndola a Cecilio. Que no se moviera el marcador era su rezo particular con diez minutos por disputar.
Se entró entonces en una dinámica distinta y el tiempo muerto solicitado por Dani Rodríguez así lo evidenciaba: un tanto interista podría ser moralmente demoledor para sus intereses. En el bando contrario, Alberto Riquer debía capear esta situación con la necesidad de anotar. Una fase de cristal para unos y de arenas movedizas para otros. Era el Inter el que acumulaba más posesión y, consecuentemente, estaba más cerca de crear peligro con asiduidad. La tensión se palpaba y se olía, era perceptible con todos los sentidos. Conscientes de ello, los seguidores andaluces emularon a sus jugadores: apretaron a más no poder para levantarlos. Un objetivo común tanto dentro como fuera de la cancha.
A falta de cuatro minutos, Pirata se vistió con la camiseta rosa para llegar hasta el final del planteamiento. Les duró un minuto, lo que se desarrolló la primera posesión hasta que Mati Rosa interceptó un pase y definió a puerta vacía. Hubo muchas más oportunidades claras para los torrejoneros y todas tuvieron el mismo final: manos a la cabeza y después mirada al suelo. Fue de nuevo el pívot argentino el que sí la levantó para definir el determinante 3-0.
Así las cosas, el Jaén Paraíso Interior imita su participación en la Copa de España de hace tres años sobre el mismo escenario, donde consiguió plantarse en la final del torneo. Fue su tercera —hasta la fecha sin mácula— y ahora encara la cuarta con la satisfacción de haber cumplido con sus expectativas y de dejarse el resto este domingo. Por el contrario, el Movistar Inter se despide del torneo con la sensación de haber perdido una oportunidad de resurgir.
FICHA DEL PARTIDO
Jaén Paraíso Interior FS: Espíndola, Power, Lemine, Míchel y A. Brandi. También jugaron: Dani Zurdo, Mati Rosa, Bynho, Eloy Rojas, Joao Salla, Esteban y Fer Trinidade.
Movistar Inter FS: J. Herrero, Raya, Chaguinha, Cecilio y Harrison. También jugaron: Pani, Carlos Bartolomé, Raúl Gómez, J. Mínguez, Pirata, Jaime, S. Barona y Dani Colón.
Goles: 1-0 Bynho (15′), 2-0 Mati Rosa (38′), 3-0 Mati Rosa (39′)
Tarjetas amarillas: Bynho (7′), Mati Rosa (23′), J. Mínguez (28′), Mati Rosa (38′), Power (39′)
Árbitros: Carlos Rodrigo (Castilla-La Mancha) | Fermín Sánchez-Molina (Castilla-La Mancha)| Alejandro Martínez (Murcia) | Antonio Navarro (Cataluña) | José Antonio Raya (Andalucía).
Lugar: Palacio De Deportes De Granada







