El balcón central del Ayuntamiento de Jaén fue protagonista este sábado de una de las citas más esperadas del año: el pregón inaugural de la Feria de San Lucas 2026.
El alcalde de Jaén, Julio Millán, acompañado por la primera teniente de alcalde y concejal de Cultura y Turismo, María Espejo, así como el resto de la corporación municipal, presentó al pregonero de este año, Daniel Rodríguez Martínez, entrenador del Jaén Paraíso Interior Fútbol Sala, dando así la bienvenida a la ciudad de Jaén a disfrutar de estos días de feria que se prolongarán hasta el próximo día 18 de octubre.
Daniel Rodríguez pronunció un pregón que resonó con fuerza en los corazones de los centenares de jiennenses agolpados en la Plaza de Santa María. Con un discurso cercano y conmovedor se erigió como un jiennense más, poniendo voz a las vivencias, nostalgia y orgullo de toda una ciudad. Su mensaje se situó en el centro del escenario: el verdadero patrimonio de la feria y de Jaén: “su gente con esta forma que tenemos los jiennenses de enganchar a quien llega y hacer sentir la esencia misma de esta ciudad”.
A través de un recorrido salpicado de anécdotas entrañables, el pregón hiló la identidad local con el presente de la ciudad. Rodríguez destacó cómo los jugadores de fútbol sala venidos de fuera terminan enamorándose de esta ciudad y la adoptan como su hogar, reflejo indiscutible de la calidez jiennense.
Tampoco faltó en su pregón, una mirada al pasado donde ha rescatado del recuerdo aquella noria y los tiempos en los que el recinto ferial se levantaba en Felipe Arche, un guiño a la memoria compartida de muchos jiennenses. Uno de sus momentos más aplaudidos fue su metáfora sobre las cuestas de Jaén, pues esas son las que forjan el carácter resistente del jiennense.
También hizo mención a la emblemática cuesta principal de entrada y salida del ferial, ese espacio donde el tiempo se detiene, el trayecto que apenas debería tomar unos pocos minutos, pero termina alargándose indefinidamente porque todo el mundo se cruza, se saluda y se para a hablar.
Con esta mirada llena de empatía y cotidianidad, el pregonero logró que cada jiennense se sintiera identificado con su relato. En definitiva, todo un anuncio del inicio de fiesta y una celebración colectiva de lo que significa ser y sentir Jaén.


